El sueño del Dial

Los escenarios pasaban frente a sus ojos como un tren, cada uno traía su sonido y todo se escuchaba como un radio sintonizando con dial análogo. Todo era confuso. Hasta que se detuvo en un lugar desconocido por él, sin embargo tenía la sensación de saber qué clase de sitio era: había mucha gente, todas con maletas, caminaban rápido, venían solas o en parejas o en pequeños grupos. "Es una terminal" pensó. Se observó a sí mismo, no llevaba maletas o bolsas... concluyó que no viajaba ni mucho menos.


"¿Qué hago aquí entonces?" se preguntó. Y casi automáticamente frente a él se materializó una mesa, un café barato, una silla doble de madera, luego lo rodearon ventanas y paredes; a su izquierda apareció un mostrador, estantes, una caja y una gordita bonachona recibiendo dinero de una pareja de campesinos. "Una cafetería, estoy tomando algo en una terminal... ¿por qué?"

Con la misma velocidad, fuera de esas ventanas y frente a él se dibujó una silueta. Él no tardó en reconocer esa figura humana aún en sombras y sin rostro definido. "Cómo olvidar ese cuerpo y ese aura" pensó.

La figura era femenina, caminaba hacia la cafetería, por un instante él pensó que ella se reuniría a tomar algo juntos. Pero no fue así. Los ojos de ella no lo veían, se enfocaban en el pasillo que pasaba al lado. Mientras más cerca estaba, más detalles se veían: sus grandes ojos miel, su cabello castaño claro, su piel en tono canela suave, los labios carnosos, el buen gusto de su ropa y la cartera que siempre le colgaba del hombro derecho. Recordaba todos esos detalles y los contaba con la mirada, girando la cabeza para seguirla.

Una vez pasó por su lado, él decidió seguirla. No sabía a dónde iría, pero sentía una necesidad tenaz de seguirla... la cafetería se desvaneció, nuevamente el tren de imágenes, el sonido de dial.

Cuando todo paró él se encontraba frente a unas puertas grandes, metálicas de color azul. Poco a poco observó los alrededores: habían muchas casas populares, postes y cables de luz, mucho tráfico. A los dos costados de las puertas abiertas, habían carteles que anunciaban precios de cervezas; arriba de ellas un aviso luminoso daba nombre al lugar que era Restaurante y Bar. Mucha gente y aún era de día... él sintío la figura nuevamente en su espalda, giró en sus pies y la vió.

Ella venía sonriendo, "esos grandes dientes blancos" se dijo. Se escuchaban sus carcajadas y venía hablando con otra gente que no se definían muy bien, eran sombras igual. Nuevamente pasó por un costado y se disponía a entrar por las puertas azules. Él la llamó por su nombre y aquella mujer se detuvo en seco, volteó su cuerpo y lo observó sin la menor expresión... "Hola" dijo ella y no agregó más. Él la observó largo rato y contestó el saludo. "Te ví en el terminal, sentí la necesidad de segurite, hace mucho no te veo". "Si, de hecho esta es la primera vez que nos vemos en mucho tiempo", repuso ella, "Lo siento vengo a tomar una cerveza acá, estoy con mis amigos... disculpa" agregó. Y luego entró al restaurante-bar.

Él entró detrás y vió que era un sitio muy típico con las mesas de madera, una rockola, estantes y mostradores llenos de cerveza. Hacia un lado habían unas escaleras cortas que daban a un mezanine y de allí salían otras escaleritas pequeñas que daban a un segundo piso. Subío rápidamente, como levitando. Con la mirada la buscaba... pronto dió con ella de nuevo y sin mediar palabra la tomó de los brazos y la sacó de su grupo de amigos. Sorprendentemente ella no se enfadó, al contrario sonrió friamente. "¿Qué quieres?" preguntó ella. "Hablar contigo".

Para ser un restarurante-bar, tenía una cáma muy cómoda para hacer visitas. Si, en medio de tanta gente, él vió como su cuarto, su cama y su mesa de noche se dibujaban en el bar. Ella se recostó con mucha naturalidad y lo hizo de lado en la cabecera como acurrucada; él se recostó también de lado, con una mano debajo de la cabeza... se observaron mucho tiempo.

"Te extraño mucho" dijo él, "Es increible. Yo te olvidé hace mucho y no fue sino verte en un lugar cualquiera y despertó en mí una gran cantidad de sentimientos. Me siento confundido y por eso te seguí, quiero saber si a ti te pasa lo mismo, si ya me olvidaste y si ahora que me ves sientes algo, quería decirte que repentinamente te extraño muchísimo, que me doy cuenta de lo poco hondo que te enterré, ha pasado tiempo y sigues intacta en mi corazón. Cada día inconcientemente pido por tu felicidad y la mía, pero ahora en este momento, pido por que esa felicidad sea juntos de nuevo. He dejado de soñarte, pero verte me hace sentir que estoy soñando. Me dieron ganas de acariciarte, pero sé que no dejarás..."

Ella interrumpió, se levantó de la cama y se paró cerca a él. Éste se levanta y la abraza por la cadera. Ella habló: "Mira, no lo niego, te ví y sentí un golpe en el corazón. Revivió en mi aquel sentimiento. Te descubrí en la terminal y en silencio deseé que me siguieras ¡y acá estas! luego te ví en la entrada y tu saludo simplemente me destrozó. Me dices que me extrañas, yo también. Me dices que sigo intacta en tu corazón, tú también en el mío. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que nos vimos la ultima vez? demasiado... es muy borroso"

Él levantó la mirada y la observó profundamente, iba a preguntar algo, cuando un extraño sonido cortó el momento. Ella toma de su bolsillo un teléfono celular y observa la pantalla con ternura, una leve sonrisa definió en sus labios. Oprime el botón para contestar y se lleva el teléfono a la cabeza, con la mano lo tapa junto a la boca, para que él no vea qué dice. Y sin embargo se escuchaba muy tenuemente su voz. "Hola, ¿como estás?¿ya vas llegando? Perfecto. Te tengo un regalo... acá te espero... si, te quiero, te quiero, te quiero..." Sus ojos brillaban demasiado y su sonrisa se alcanzó a ver fuera de la mano, ella no veía a quien estaba abrazado a sus caderas. Él la miró y reconoció ese rostro, ese que ponía ella cuando lo veía a él en una calle cualquiera; la misma que ponía cuando terminaban de hacer el amor; el tono de voz era el mismo cuando hablaban por teléfono; la misma ternura cuando había un regalo desinteresado de por medio.

Ella colgó la llamada. Miro hacia abajo y acarició el cabello de él. "No lo niego, te extraño, pienso en tí, me sorprendió verte y que me siguieras, y mi corazón se movió rápido" dijo ella. "...Pero ya no te quiero... eso que sentimos ahora solo es por el momento, solo es porque nos vimos y nada más. Ocupas gran parte de mi mente y mi corazón, pero de una manera diferente... no como antes, y no hay la mínima posibiliad de que ello cambie".

"¿Ni la más mínima?". "No. Porque además..." Ella se detuvo como buscando las palabras "yo nunca lo sabré, por que con quien hablas ahora no es conmigo, es con lo que queda de mí en tu mente. Yo, acá, soy una imagen de lo que guardas de la 'verdadera ella' quien realmente te olvidó, realmente no te extraña, realmente no te quiere..."

1 comentarios:

Ricardo Díaz | 4:18 p. m.

El dilema del erizo

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